EL ANÁLISIS DEL TEXTO: DEL BOSQUEJO AL RESUMEN

Dra. Débora Hernández

 

A continuación, presento los elementos esenciales en el análisis de un texto:

  1. La identificación de las ideas del autor
  2. El bosquejo de ideas
  3. El resumen de ideas en un párrafo

 

El proceso de análisis de un texto implica varias destrezas.  En primer lugar, tenemos que identificar las ideas del texto y saber que implican.  Cuando subrayamos las ideas en el texto, el autor ha expresado de manera explícita sus ideas.  Cuando inferimos las ideas, es decir, no podemos subrayar las ideas en el texto, decimos que las ideas del autor están implícitas. 

 

En el ensayo de Fernando Savater, De qué va la Ética podemos subrayar las ideas directamente en el texto como vemos a continuación, es decir, las ideas están explícitas.  Para construir un bosquejo del ensayo, tenemos que identificar la idea central, la idea que le da sentido y coherencia a todo el ensayo y que el autor sugiere en su título.  Nuestro trabajo consiste en descubrir la definición de ética que quiere dar Fernando Savater.  También para construir el bosquejo tenemos que identificar los ejemplos, detalles, definiciones y datos que Savater nos expresa para sustentar y apoyar su definición de ética.

 

1.                  Las ideas de De qué va la Ética

 

Fernando Savater

De qué va la ética

(Tomado de ÉTICA PARA AMADOR, Capítulo Primero.

Barcelona: Editorial Ariel, S.A., 35ta ed., 2000, págs. 19-32,)

Idea #1

Los seres humanos estudian por tres propósitos principales: por interés, para utilizar algo, para ganarse la vida.

Hay ciencias que se estudian por simple inte­rés de saber cosas nuevas; otras, para aprender una destreza que permita hacer o utilizar algo; la mayoría, para obtener un puesto de trabajo y ga­narse con él la vida. Si no sentimos curiosidad ni necesidad de realizar tales estudios, podemos prescindir tranquilamente de ellos. Abundan los conocimientos muy interesantes pero sin los cuales uno se las arregla bastante bien para vivir: yo, por ejemplo, lamento no tener ni idea de as­trofísica ni de ebanistería, que a otros les darán tantas satisfacciones, aunque tal ignorancia no me ha impedido ir tirando hasta la fecha. Y tú, si no me equivoco, conoces las reglas del fútbol pero estás bastante pez en béisbol. No tiene ma­yor importancia, disfrutas con los mundiales, pasas olímpicamente de la liga americana y to­dos tan contentos.

 

 

 

 

 

Idea #2

Hay conocimientos esenciales para poder vivir.

Lo que quiero decir es que ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad. Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay más remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Se puede vivir sin saber astrofísica, ni ebanistería, ni fútbol, incluso sin saber leer ni escribir: se vive peor, si quieres, pero se vive. Ahora bien, otras cosas hay que saberlas porque en ello, como suele decirse, nos va la vida. Es preciso estar enterado, por ejemplo, de que sal­tar desde el balcón de un sexto piso no es cosa buena para la salud; o de que una dieta de clavos (¡con perdón de los fakires!) y ácido prúsico no permite llegar a viejo. Tampoco es aconsejable ignorar que si uno cada vez que se cruza con el vecino le atiza un mamporro las consecuen­cias serán antes o después muy desagradables. Pequeñeces así son importantes. Se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir.

Idea #3

El conocimiento más importante es saber qué nos conviene y que no nos conviene.

  • Lo que nos conviene se llama bueno; lo que no nos conviene lo llamamos malo.

En una palabra, entre todos los saberes posi­bles existe al menos uno imprescindible: el de á que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos convienen ciertos alimentos ni nos convie­nen ciertos comportamientos ni ciertas acti­tudes. Me refiero, claro está, a que no nos con­vienen si queremos seguir viviendo. Si lo que uno quiere es reventar cuanto antes, beber lejía puede ser muy adecuado o también procurar ro­dearse del mayor número de enemigos posibles. Pero de momento vamos a suponer que lo que preferimos es vivir: los respetables gustos del suicida los dejaremos por ahora de lado. De modo que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo «bueno» porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos «malo». Saber lo que nos conviene, es decir: dis­tinguir entre lo bueno y lo malo, es un conoci­miento que todos intentamos adquirir -todos sin excepción- por la cuenta que nos trae.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Idea #4

No es tan fácil distinguir siempre lo que nos conviene de lo que no nos conviene, es decir, lo bueno de lo malo.

Como he señalado antes, hay cosas buenas y malas para la salud: es necesario saber lo que de­bemos comer, o que el fuego a veces calienta y otras quema, así como el agua puede quitar la sed pero también ahogarnos. Sin embargo, a ve­ces las cosas no son tan sencillas: ciertas drogas, por ejemplo, aumentan nuestro brío o producen sensaciones agradables, pero su abuso conti­nuado puede ser nocivo. En unos aspectos son buenas, pero en otros malas: nos convienen y a la vez no nos convienen. En el terreno de las re­laciones humanas, estas ambigüedades se dan con aún mayor frecuencia. La mentira es algo en general malo, porque destruye la confianza en la palabra -y todos necesitamos hablar para vivir en sociedad- y enemista a las personas; pero a veces parece que puede ser útil o beneficioso mentir para obtener alguna ventajilla. O incluso para hacerle un favor a alguien. Por ejemplo: ¿es mejor decirle al enfermo de cáncer incurable la verdad sobre su estado o se le debe engañar para que pase sin angustia sus últimas horas? La mentira no nos conviene, es mala, pero a veces parece resultar buena. Buscar gresca con los de­más ya hemos dicho que es por lo común incon­veniente, pero ¿debemos consentir que violen delante de nosotros a una chica sin intervenir, por aquello de no meternos en líos? Por otra parte, al que siempre dice la verdad -caiga quien caiga- suele cogerle manía todo el mun­do; y quien interviene en plan Indiana Jones para salvar a la chica agredida es más probable que se vea con la crisma rota que quien se va sil­bando a su casa. Lo malo parece a veces resultar más o menos bueno y lo bueno tiene en ocasio­nes apariencias de malo. Vaya jaleo.

Idea #5

Existen criterios opuestos sobre lo que es saber vivir: saber lo que nos conviene y lo que no nos conviene (qué es lo bueno y qué es lo malo)

Lo de saber vivir no resulta tan fácil porque hay diversos criterios opuestos respecto a qué de­bemos hacer. En matemáticas o geografía hay sa­bios e ignorantes, pero los sabios están casi siem­pre de acuerdo en lo fundamental. En lo de vivir, en cambio, las opiniones distan de ser unánimes. Si uno quiere llevar una vida emocionante, puede dedicarse a los coches de fórmula uno o al alpinismo; pero si se prefiere una vida segura y tranquila, será mejor buscar las aventuras en el videoclub de la esquina. Algunos aseguran que lo más noble es vivir para los demás y otros señalan que lo más útil es lograr que los demás vivan para uno. Según ciertas opiniones lo que cuenta es ganar dinero y nada más, mientras que otros arguyen que el dinero sin salud, tiempo libre, afecto sincero o serenidad de ánimo no vale nada. Médicos respetables indican que renunciar al tabaco y al alcohol es un medio seguro de alar­gar la vida, a lo que responden fumadores y bo­rrachos que con tales privaciones a ellos desde luego la vida se les haría mucho más larga. Etc.

Idea #6

Los consensos del saber vivir son:

  1. Todos estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo con todos. 
  2. También estamos de acuerdo en que nuestra vida depende en parte de lo que quiera cada cual.

En lo único que a primera vista todos es­tamos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo con todos. Pero fíjate que también estas opiniones distintas coinciden en otro punto: a saber, que lo que vaya a ser nuestra vida es, al menos en parte, resultado de lo qué quiera cada cual. Si nuestra vida fuera algo completamente determinado y fatal, irremediable, todas estas disquisiciones carecerían del más mínimo sen­tido. Nadie discute si las piedras deben caer ha­cia arriba o hacia abajo: caen hacia abajo y punto. Los castores hacen presas en los arroyos y las abejas panales de celdillas hexagonales: no hay castores a los que tiente hacer celdillas de panal, ni abejas que se dediquen a la ingeniería hidráulica. En su medio natural, cada animal parece saber perfectamente lo que es bueno y lo que es malo para él, sin discusiones ni dudas. No hay animales malos ni buenos en la naturaleza, aunque quizá la mosca considere mala a la araña que tiende su trampa y se la come. Pero es que la araña no lo puede remediar...

Idea #7

Ejemplo de las termitas:

Los animales hacen lo que la naturaleza les ha dictado que hagan; no pueden evitarlo. 

Voy a contarte un caso dramático. Ya cono­ces a las termitas, esas hormigas blancas que en África levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto y duros como la piedra. Dado que el cuerpo de las termitas es blando, por carecer de la coraza quitinosa que protege a otros insectos, el hormiguero les sirve de capara­zón colectivo contra ciertas hormigas enemigas, mejor armadas que ellas. Pero a veces uno de esos hormigueros se derrumba, por culpa de una riada o de un elefante (a los elefantes les gusta rascarse los flancos contra los termiteros, qué le vamos a hacer). Enseguida, las termitas-obrero se ponen a trabajar para reconstruir su dañada fortaleza, a toda prisa. Y las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Las termitas-soldado salen a defender a su tribu e intentan dete­ner a las enemigas. Como ni por tamaño ni por armamento pueden competir con ellas, se cuel­gan de las asaltantes intentando frenar todo lo posible su marcha, mientras las feroces mandí­bulas de sus asaltantes las van despedazando. Las obreras trabajan con toda celeridad y se ocu­pan de cerrar otra vez el termitero derruido... pero lo cierran dejando fuera a las pobres y he­roicas termitas-soldado, que sacrifican sus vidas por la seguridad de las demás. ¿No merecen acaso una medalla, por lo menos? ¿No es justo decir que son valientes?

Idea #8

Ejemplo de Héctor en La Ilíada

Héctor pudo elegir entre cumplir con su deber de proteger a su familia, a su ciudad

Cambio de escenario, pero no de tema. En la Ilíada, Homero cuenta la historia de Héctor, el mejor guerrero de Troya, que espera a pie firme fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el enfurecido campeón de los aqueos, aun sa­biendo que éste es más fuerte que él y que proba­blemente va a matarle. Lo hace por cumplir su deber, que consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible asaltante. Nadie duda de que Héctor es un héroe, un auténtico va­liente. Pero ¿es Héctor heroico y valiente del mismo modo que las termitas-soldado, cuya gesta millones de veces repetida ningún Homero se ha molestado en contar? ¿No hace Héctor, a fin de cuentas, lo mismo que cualquiera de las termitas anónimas? ¿Por qué nos parece su valor más auténtico y más difícil que el de los insec­tos? ¿Cuál es la diferencia entre un caso y otro?

Idea #9

La diferencia entre los animales de la naturaleza y los seres humanos es que los animales tienen que hacer ciertas cosas mientras  que los seres humanos quieren hacer ciertas cosas.

Sencillamente, la diferencia estriba en que las termitas-soldado luchan y mueren porque tie­nen que hacerlo, sin poderlo remediar (como la araña que se come a la mosca). Héctor, en cam­bio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Las termitas-soldado no pueden desertar, ni re­belarse, ni remolonear para que otras vayan en su lugar: están programadas necesariamente por la naturaleza para cumplir su heroica misión. El caso de Héctor es distinto. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a al­guien más fuerte que él. Quizá sus conciudada­nos le llamasen cobarde y le tuviesen por un ca­radura o quizá le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre podría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser hé­roe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mérito su gesto y que Homero cuente su historia con épica emoción. A diferencia de las termitas, decimos que Héctor es libre y por eso admira­mos su valor.

Idea #10

La libertad significa elegir.

  • Los animales no eligen lo que hacen; los seres humanos sí.

 

 

 

 

 

 

Idea #11

Los seres humanos tienen sí un programa cultural que condiciona nuestro pensamiento, nuestros gustos, nuestras lealtades.

Y así llegamos a la palabra fundamental de todo este embrollo: libertad. Los animales (y no digamos ya los minerales o las plantas) no tienen más remedio que ser tal como son y hacer lo que están programados naturalmente para hacer. No se les puede reprochar que lo hagan ni aplaudir­les por ello porque no saben comportarse de otro modo. Tal disposición obligatoria les ahorra sin duda muchos quebraderos de cabeza. En cierta medida, desde luego, los hombres también esta­mos programados por la naturaleza. Estamos hechos para beber agua, no lejía, y a pesar de to­das nuestras precauciones debemos morir antes o después. Y de modo menos imperioso pero pa­recido, nuestro programa cultural es determi­nante: nuestro pensamiento viene condicionado por el lenguaje que le da forma (un lenguaje que se nos impone desde fuera y que no hemos in­ventado para nuestro uso personal) y somos edu­cados en ciertas tradiciones, hábitos, formas de comportamiento, leyendas...; en una palabra, que se nos inculcan desde la cunita unas fideli­dades y no otras. Todo ello pesa mucho y hace que seamos bastante previsibles. Por ejemplo, Héctor, ese del que acabamos de hablar. Su pro­gramación natural hacía que Héctor sintiese ne­cesidad de protección, cobijo y colaboración, be­neficios que mejor o peor encontraba en su ciudad de Troya. También era muy natural que considerara con afecto a su mujer Andrómaca -que le proporcionaba compañía placentera- y a su hijito, por el que sentía lazos de apego bioló­gico. Culturalmente, se sentía parte de Troya y compartía con los troyanos la lengua, las cos­tumbres y las tradiciones. Además, desde pequeño le habían educado para que fuese un buen guerrero al servicio de su ciudad y se le dijo que la cobardía era algo aborrecible, indigno de un hombre. Si traicionaba a los suyos, Héctor sabía que se vería despreciado y que le castigarían de uno u otro modo. De modo que también estaba bastante programado para actuar como lo hizo, ¿no? Y sin embargo...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Idea #12

Por mucha programación cultural, los seres humanos podemos decir “sí” o “no”; “sí quiero” o “no quiero”.

Sin embargo, Héctor hubiese podido decir: ¡a la porra con todo! Podría haberse disfrazado de mujer para escapar por la noche de Troya, o ha­berse fingido enfermo o loco para no combatir, o haberse arrodillado ante Aquiles ofreciéndole sus servicios como guía para invadir Troya por su lado más débil; también podría haberse dedi­cado a la bebida o haber inventado una nueva religión que dijese que no hay que luchar contra los enemigos sino poner la otra mejilla cuando nos abofetean. Me dirás que todos estos compor­tamientos hubiesen sido bastante raros, dado quien era Héctor y la educación que había reci­bido. Pero tienes que reconocer que no son hipó­tesis imposibles, mientras que un castor que fa­brique panales o una termita desertora no son algo raro sino estrictamente imposible. Con los hombres nunca puede uno estar seguro del todo, mientras que con los animales o con otros seres naturales sí. Por mucha programación biológica o cultural que tengamos, los hombres siempre podemos optar finalmente por algo que no esté en el programa (al menos, que no esté del todo). Podemos decir «sí» o «no», quiero o no quiero.

Idea #13

Nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.

Por muy achuchados que nos veamos por las cir­cunstancias, nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.

Idea #14

La libertad es tener más de un camino a seguir, poder considerar más de una opción.

Cuando te hablo de libertad es a esto a lo que me refiero. A lo que nos diferencia de las termi­tas y de las mareas, de todo lo que se mueve de modo necesario e irremediable. Cierto que no podemos hacer cualquier cosa que queramos, pero también cierto que no estamos obligados a querer hacer una sola cosa. Y aquí conviene se­ñalar dos aclaraciones respecto a la libertad:

Idea #15

Primera condición de libertad:

No podemos elegir lo que nos pasa, pero sí cómo responder a lo que nos pasa.

Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser pruden­tes o temerarios, vengativos o resignados, vestir­nos a la moda o disfrazarnos de oso de las caver­nas, defender Troya o huir, etc.).

Idea #16

Segunda condición de libertad:

Ser libres significa poder intentar algo aunque no logremos los resultados que queremos siempre.

Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipoten­cia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, me­jores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es práctica­ mente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesi­dades que no controlo a mi gusto. Si no me co­nozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello de­jaré de ser libre... aunque me escueza.

Idea #17

Muchas fuerzas pueden limitar nuestra libertad (los fenómenos de la naturaleza, la enfermedad, la tiranía de otros seres humanos).

En la realidad existen muchas fuerzas que li­mitan nuestra libertad, desde terremotos o en­fermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, ve­rás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma. Te dirán: «¿Libertad? ¿Pero de qué liber­tad me hablas? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gober­nantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos es­clavizan, y si además me falta dinero para com­prarme una moto, que es lo que yo quisiera?» En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan: «¡Uf! .¡Menudo peso nos hemos quitado de encima!

Idea #18

Algunas personas no creen en la libertad porque no quieren asumir la culpa o consecuencias de sus acciones.

Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra... » Pero yo estoy seguro de que nadie -nadie- cree de ve­ras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de re­lojería o como una termita. Uno puede conside­rar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza a un tirano) y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere lo más fá­cil, es decir, esperar a los bomberos o lamer la bota que le pisa a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: «Si tú hubie­ras querido... »

Idea #19

Ejemplo para comprobar la libertad humana:

El filósofo romano y su amigo

Cuando cualquiera se empeñe en negarte que los hombres somos libres, te aconsejo que le apliques la prueba del filósofo romano. En la an­tigüedad, un filósofo romano discutía con un amigo que le negaba la libertad humana y asegu­raba que todos los hombres no tienen más reme­dio que hacer lo que hacen. El filósofo cogió su bastón y comenzó a darle estacazos con toda su fuerza. «¡Para, ya está bien, no me pegues más! », le decía el otro. Y el filósofo, sin dejar de zurrarle, continuó argumentando: «¿No dices que no soy libre y que lo que hago no tengo más remedio que hacerlo? Pues entonces no gastes saliva pidiéndome que pare: soy automático.» Hasta que el amigo no reconoció que el filósofo podía libremente dejar de pegarle, el filósofo no suspendió su paliza. La prueba es buena, pero no debes utilizarla más que en último extremo y siempre con amigos que no sepan artes marcia­les...

Idea #20

La ética es el arte de vivir, de saber vivir. 

  • Consiste en inventar y elegir, en equivocarnos y procurar adquirir cierto saber vivir que nos permita acertar.

En resumen: a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, con­veniente para nosotros, frente a lo que nos pa­rece malo e inconveniente. Y como podemos in­ventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar ad­quirir un cierto saber vivir que nos permita acer­tar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética. De ello, si tienes paciencia, seguiremos hablando en las siguientes páginas de este libro.

 

VETE LEYENDO....

 

«¿Y si ahora, dejando en el suelo el abollonado escudo y el fuerte casco y apoyado la pica contra el muro, saliera al encuentro del inexorable Aquiles, le dijera que permi­tía a los Atridas llevarse a Helena y las riquezas que Alejandro trajo a Ilión en las cóncavas naves, que esto fue lo que originó la guerra, y le ofreciera repartir a los aqueos la mitad de lo que la ciudad contiene y más tarde tomara juramento a los troyanos de que, sin ocultar nada, formasen dos lotes con cuantos bienes existen dentro de esta hermosa ciudad?... Mas ¿por qué en tales cosas me hace pensar el corazón?» (Romero, Ilíada).

 

«La libertad no es una filosofía y ni siquiera es un idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, e ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No. En su brevedad instantánea, como a la luz del relám­pago, se dibuja el signo contradictorio de la naturaleza humana» (Octavio Paz, La otra voz).

 

«La vida del hombre no puede "ser vivida" repitiendo los patrones de su especie; es él mismo -cada uno­ quien debe vivir. El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado, que puede sentirse expulsado del paraíso”(Erich Fromm. Ética y psicoanálisis).

2.                  Al inicio

3.                   

4.                  De la identificación de ideas al bosquejo:

 

Hemos visto que Savater trabaja 20 ideas en su ensayo a través de los párrafos.  Después de identificadas todas las ideas del texto: De qué va la Ética, podemos comenzar a bosquejar la idea central y las ideas secundarias.  La idea central usualmente está atada al tema del texto, en este caso, De qué va la Ética.  Si observamos, la respuesta de la definición de ética está en el último párrafo.  Por esto decimos que el desarrollo de este ensayo es inductivo.  Comenzó con unos detalles, unos ejemplos para hilarlos en la idea central, es decir, el desarrollo de este ensayo es de lo particular a lo general.

 

En el bosquejo corresponde al número I romano, la idea central.  Si esto fuera un libro, puede haber más de una idea central y entonces tendríamos varios números romanos I, II, III, IV, V, VI.....  Sin embargo, todo este ensayo desarrolla una sola idea: la definición de ética.  Las letras mayúsculas A, B, C, D, E.... corresponderán a las ideas secundarias, es decir, a las opiniones, datos, definiciones, ejemplos que aclararán la idea central. 

5.                  Al inicio

6.                  BOSQUEJO:  DE QUÉ VA LA ÉTICA

I.         La ética es el arte de vivir, de saber vivir. 

A.     Saber vivir consiste en inventar y elegir, en equivocarnos y procurar adquirir cierto saber vivir que nos permita acertar.

B.     Los seres humanos estudian por tres propósitos principales: por interés, para utilizar algo, para ganarse la vida.  Sin embargo, hay conocimientos esenciales para poder vivir.

C.    El conocimiento más importante es saber qué nos conviene y que no nos conviene.

1.      Lo que nos conviene se llama bueno; lo que no nos conviene lo llamamos malo.

D.    No es tan fácil distinguir siempre lo que nos conviene de lo que no nos conviene, es decir, entre lo bueno y lo malo.

1.      Existen criterios opuestos sobre lo que es saber vivir: saber lo que nos conviene y lo que no nos conviene (qué es lo bueno y qué es lo malo)

E.     Los consensos del saber vivir son:

1.      Todos estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo con todos. 

2.      También estamos de acuerdo en que nuestra vida depende en parte de lo que quiera cada cual. Por esta razón no hay animales buenos ni malos en la naturaleza.

a)     Ejemplo de las termitas: Los animales hacen lo que la naturaleza les ha dictado que hagan; no pueden evitarlo.

b)     Ejemplo de Héctor en La Ilíada: Héctor pudo elegir entre cumplir con su deber de proteger a su familia, a su ciudad.

F.     La diferencia entre los animales de la naturaleza y los seres humanos es que los animales tienen que hacer ciertas cosas mientras los seres humanos quieren hacer ciertas cosas.

G.    La libertad significa elegir.

1.      Los animales no eligen lo que hacen; los seres humanos sí.

2.      Los seres humanos tienen sí un programa cultural que condiciona nuestro pensamiento, nuestros gustos, nuestras lealtades.

a)     Por mucha programación cultural, los seres humanos podemos decir “sí” o “no”; “sí quiero” o “no quiero”.

3.      La libertad es tener más de un camino a seguir, poder considerar más de una opción.

a)     Nunca tenemos un solo camino a seguir sino varios.

4.      Primera condición de libertad:

a)     No podemos elegir lo que nos pasa, pero sí cómo responder a lo que nos pasa.

5.      Segunda condición de libertad:

a)     Ser libres significa poder intentar algo aunque no logremos los resultados que queremos siempre.

H.     Muchas fuerzas pueden limitar nuestra libertad (los fenómenos de la naturaleza, la enfermedad, la tiranía de otros seres humanos).

I.         Algunas personas no creen en la libertad porque no quieren asumir la culpa o consecuencias de sus acciones.

J.      Ejemplo para comprobar la libertad humana: El filósofo romano y su amigo

 

7.                  Al inicio

 

1.                  Del bosquejo al resumen

En este proceso de análisis, hemos identificado las ideas del autor.  Hemos bosquejado y organizado las ideas entre la idea central y las ideas secundarias.   Estamos ahora preparados para redactar un párrafo de resumen a partir del bosquejo. 

 

2.                  PÁRRAFO DE RESUMEN:  DE QUÉ VA LA ÉTICA

 

            La ética es el arte de vivir, de saber vivir.  Consiste en inventar y elegir, en equivocarnos y adquirir cierto saber vivir que nos permita acertar en una próxima ocasión.  Los seres humanos estudian por interés, para adquirir una destreza y utilizar algo o para ganarse la vida.  De todos los estudios, hay conocimientos esenciales para vivir.  Por ejemplo, el conocimiento más importante para saber vivir es distinguir lo que nos conviene (lo bueno) de lo que no nos conviene (lo malo).  Sin embargo, en la vida no es tan fácil distinguir lo bueno de lo malo.  Hay criterios opuestos para definir lo bueno y lo malo.  Los únicos consensos de los seres humanos son que no estamos de acuerdo con todos y que nuestra vida depende en parte de nuestra voluntad.  La voluntad, poder decir “sí quiero” y “no quiero”, es lo que nos diferencia del resto de los animales de la naturaleza.  Esa voluntad, la capacidad de elegir es lo que llamamos libertad.  La libertad también tiene dos condiciones.  La primera es que no podemos elegir lo que nos pasa, pero sí cómo responder a lo que nos pasa.  La segunda condición de la libertad es que ser libres significa intentar algo aunque no siempre logremos los resultados que queremos.  Muchas fuerzas pueden limitar nuestra libertad (los fenómenos de la naturaleza, la enfermedad, la tiranía de otros seres humanos).  No obstante, somos libres.  Algunas personas no creen en la libertad humana porque no quieren asumir la culpa o las consecuencias de sus acciones (otro siempre tiene la culpa de lo que nos pasa).  En resumen, los seres humanos siempre pueden considerar más de una opción a un evento.  A esa consideración de opciones, esa distinción entre lo bueno y lo malo de una opción, le llamamos ética.

 

3.                  Unas palabras de clausura

 

Cuando analizamos un texto, nuestro primer trabajo es comprender las ideas del autor.  Esta comprensión de las ideas de un autor se demuestra en el párrafo de resumen.   Para hacer esta síntesis, este párrafo de resumen tenemos que estudiar las ideas a través de todo el texto, organizarlas entre ideas comunes e ideas nuevas y bosquejarlas.  Después de este trabajo, entonces, podemos trabajar con el análisis crítico del texto.  Esta será la próxima lección.